
Las imágenes asaltan mi clásico momento, en la pantalla un personaje vestido de blanco se mueve fluidamente a través de un escenario que semeja el interior de un castillo. Saltos, caídas y algunas batallas a punta de espada inundan la aventura, al final del sueño el duelo deja frente a frente al ladrón Sultán y a un Príncipe enamorado. Las espadas se expresan.
Prince of Persia (Príncipe de Persia) en mi mente se recrea, el videojuego que engrandeció al género plataformas en 1989 cuando Jordan Mechner (autor), ideo las aventuras de un Príncipe despojado de su reino que corriendo, saltando, luchando, esquivando trampas, subiendo y bajando por cornisas, intenta rescatar a su amada princesa de los maleficios del viejo Sultán.

Mechner pasó muchas horas observando filmaciones de su hermano vestido de blanco, saltando, corriendo y realizando una serie de acciones que luego trasladó al ordenador con sutil realismo (proceso de rotoscopia). La animación del personaje en Prince of Persia sería el punto clave de su éxito y el futuro prometedor para los lanzamientos posteriores.
Sobre buenas bases se levantan grandes sagas. La animación de los videojuegos modernos le debe mucho a Prince of Persia, su genialidad le convirtió en un clásico indudable que muchos gamer aún recuerdan con pasión y otros jóvenes por deber deberían conocer.
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